CARMAGEDON

Para empezar esta mini reseña, he de reconocer que en las primeras páginas del libro pensé en parar y dedicarme a otra cosa. O simplemente empezar otro libro. No porque Daniel Knowles escriba mal ni porque el libro no tenga información interesante, sino porque al comienzo uno tiene la sensación de estar leyendo los mismos mantras que cualquier activista del pedal conoce, pero enfocados en la realidad material y territorial de Estados Unidos. La cuna del coche, de la dispersión urbana y de lo que significa vivir un auténtico desastre urbano provocado por el automóvil.
Es lógico: el autor es de origen inglés y, aunque ha vivido en diferentes países como corresponsal económico, gran parte de su experiencia la vuelca en este país. Pero no se queda ahí. A medida que avanza el libro, aprovecha esa base para establecer comparaciones muy interesantes.

Gameplay de Carmagedoom, mítico juego de ordenador en los que se puntuaba hacer el cafre (y atropellar a gente) con el coche.

Una vez superado ese escollo inicial —que también tiene su utilidad, porque te hace pensar por qué narices todavía no existe un libro así, enfocado a nuestro contexto— la lectura se vuelve realmente atractiva. Hasta el punto de que puede ser uno de los libros en los que más páginas he señalado en mi vida. Reconozco que fui injusto: a veces solo es cuestión de paciencia. Últimamente le doy muchas vueltas a los límites de la argumentación sobre estos temas y quizá por eso estoy especialmente susceptible a encontrarme las mismas sentencias una y otra vez.

El libro por tanto, hace una exquisito y ameno repaso por todos los motivos por los que hemos llegado hasta aquí con el asunto automovilístico desde sus inicios y cómo éstos, estaban necesariamente ligados a otros aspectos culturales y sociales como el racismo, la segregación y el clasismo. Porque sí, todo esto tuvo un principio anterior al postfordismo, a un obrero = a coche y a todos esos inamovibles culturales y urbanos a los que estamos acostumbrados.

Al principio todo era cosa de gente con dinero, que podía permitirse aquella novedad y aquella velocidad. Y como era un avance “imparable”, se aceptaba a pesar de que empezara a matar a las personas que llenaban de vida las calles de cualquier ciudad, no solo norteamericanas. Esa lógica del “no se pueden poner puertas al campo” nos resulta familiar: también se dice de los servicios de internet o de las criptomonedas. Pero obviar los problemas de fondo rara vez nos lleva hacia adelante; más bien al contrario. Algo así ya se intuía en los primeros momentos del coche en la ciudad. Y, como siempre, las instituciones democráticas brillaron por su ausencia. En medio del tecno-optimismo y la fascinación por la máquina, se demolieron barrios, se extendieron las ciudades sin límite y se llegó a prohibir incluso caminar por la calle para cruzarla fuera de las aceras o los pasos habilitados. Hablamos del jaywalking, práctica que se empezó a penalizar en Los Ángeles hace unos 100 años y que todavía hoy sigue vigente, con multas que rondan los 196 €.

Aunque nos resulte lejano —y de ahí mis resistencias iniciales— el caso americano es interesante porque lleva el desastre urbano a límites insospechados. Su lectura produce sociedad, en el mejor sentido. Después de leerlo, no pude evitar acordarme de Suburbia, la exposición producida por el CCCB en Barcelona que tan bien reflejaba la cara B de la expansión territorial impulsada por el coche. Su enfoque era más urbanístico, claro, pero ¿tiene sentido estudiar el urbanismo del siglo pasado sin abordar de tú a tú la historia del vehículo privado? Seguramente no.

A partir de ahí, el libro entra de lleno en el desarrollo de las infraestructuras americanas y en cómo estas se ligaron al ambiente social de preguerra y posguerra: racismo, segregación estructural, etc. También relata cómo Jane Jacobs plantó cara a Robert Mosses en Nueva York y cómo ese enfrentamiento dio lugar a su gran libro Muerte y vida de las grandes ciudades. Incluso explica cómo buena parte del movimiento NIMBY acabó, sin pretenderlo, contribuyendo a la gentrificación de barrios como Greenwich Village.

Por destacar alguna otra idea potente, me llamó la atención la metáfora de la lenteja de agua biónica: esa tendencia a no actuar sobre los problemas actuales porque confiamos en que a la vuelta de la esquina llegará una solución tecnológica. En nuestro contexto, el hidrógeno verde podría ser un buen ejemplo. En Gijón, por ejemplo, se habla de des-carbonizar la acería con esta tecnología mientras se evita actuar sobre los procesos actuales, mucho más contaminantes. Pero las promesas se retrasan y no es raro que las factorías acaben renunciando a ellas, incluso con grandes inversiones de por medio.

No me alargo más: es un libro cercano, amable y riguroso. Revisa desde muchos ángulos el enorme problema que tenemos con el coche, dejando claro que sí, ha supuesto un avance social, pero con un impacto brutal en nuestro modo de vida. Un impacto que, además, siempre ha sido desigual e injusto.

Algunos datos del libro:

Título original: CARMAGEDDON, Cómo nos perjudican los automóviles y qué podemos hacer al respecto.
Fecha de publicación original: 2025
Autor: Daniel Knowles
Páginas: 286
Edita: Capitan Swing

Puedes escuchar la reseña en formato conversación aquí (Generado con Notebooklm)


Comments

One response to “CARMAGEDON”

  1. […] ¿Quién ha sido tradicionalmente más empleable?, tradicionalmente nosotros, de ahí que las infraestructuras para el coche se lleven la mayor parte del espacio público por delante. ¿Cómo has de arreglarlas si prefieres no tener el gasto de un coche o no depender de él? Ya te […]

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