Estos días atrás se presentaba un proyecto de instalar un datacenter en Salas, un pueblo pequeño del suroccidente Asturiano. Aunque de momento todo son acuerdos e intenciones y como siempre, datos de empleo a mi parecer inflados anunciadas a bombo y platillo, lo cierto es que el hecho ya ha empezado a causar cierto revuelo. Acuerdos y desacuerdos.
Aquí podéis leer algunas noticias sobre los anuncios en prensa: 0, 1, 2, 3, 4, 5
Si me acompañáis un rato, vamos a darle una vuelta a todo el asunto, analizando un poco el proyecto a partir de fuentes y herramientas disponibles y así esclarecer un poco más qué se baraja, cuál es la comparación con otros proyectos bajo el mismo paraguas y en qué acertamos y también nos equivocamos cuando valoramos estos proyectos.
Disclaimer: Ojo porque he ido actualizando el articulo para ampliar información y también para corregir otra. Creo que he pecado de optimista.
El anuncio
Lo que se anunció en Salas, bajo el nombre de “Digital Valley”.
Inversión global: 1226 millones de Euros
Superficie: 154.584 m2 (Entiendo que es el tamaño total de las instalaciones)
Módulos de datos: 10 (Entiendo que es escalable)
Potencia informática total: 120 MW. Solo la parte informática, sin infraestructura. Esta se plantea en dos fases: la primera de 24MW / 240 millones/€ y la segunda de 96 MW / 960 millones/€.
Empleo: 1200 aprox, entre operativos, indirectos e inducidos. Es decir, desde el coste de operarlo a la construcción, pasando por los servicios auxiliares necesarios para su uso y mantenimiento.
Construcción: 27-30
Instalación solar: 350 paneles (No dicen potencia)
Aparcamiento: 375 plazas (No entiendo la relevancia del detalle y tal cantidad, pero se entiende que una gran parte de la masa laboral, no residirá en Salas)
¿Y quién está detrás?
El grupo S4U parece una consultora que se presenta como un Strategic Sales Partner, es decir un intermediario de las empresas de infraestructuras digitales, que está situada en Madrid. No sabemos cuáles son esas empresas interesadas en la infraestructura e incluso si realmente hay algún acuerdo avanzado. Lo que si parece su propuesta a partir de un modelo de negocio, porque hay más proyectos de “Digital Valley’s”, con lo que supone que están moviendo esta idea por la península. Aunque es cierto que no tienen ni un ladrillo puesto y suena raro. Nada en la prensa y medios se ha dicho más que la intención, con lo que podría ser una buena idea, un globo sonda para su recepción y adiós muy buenas. Igualmente, aunque así fuera, darle vueltas al tema, tomando como ejemplo este anuncio, también nos da información para futuros planteamientos similares.
Aquí va una recopilación de otros “Digital Valley’s” por España: Ceuta, Valencia, Madrid (San Sebastián de los reyes)

El modelo de negocio
(Actualización) Una de las cosas que más me cuesta entender de este proyecto era cuál era exactamente el modelo de negocio de Digital Valley. Pero según voy leyendo aquí o allá, su función se parece más a la de un promotor: localizar el suelo, conseguir los permisos, asegurar el acceso a la energía, urbanizar los terrenos y encontrar después empresas interesadas en instalarse. De hecho en este informe de viabilidad de otro ejemplo similar en Madrid y elaborado por otra consultora que también hace los números de Salas, PwC, lo señalan. También indican que tiene cartas de interés, pero suena a quien recorta y pega logos en un documento pero todavía no tiene nada.

Por ejemplo, en el estudio de viabilidad elaborado por PwC para este proyecto madrileño lo explica con bastante claridad. La operación contempla la aprobación administrativa, la expropiación de los terrenos, su urbanización y posterior venta. De hecho, el 89 % de los ingresos previstos, unos 837,8 millones de euros, procedería de vender parcelas destinadas a futuros centros de datos. El producto no serían, por tanto, los servidores ni la capacidad de computación, sino suelo preparado, autorizado y, sobre todo, acompañado de cientos de megavatios de potencia eléctrica.
Esto también obliga a interpretar con cuidado las grandes cifras que acompañan estos anuncios. Los 12.499 millones atribuidos al proyecto madrileño no serían una inversión realizada directamente por Digital Valley, sino una estimación de todo lo que podrían invertir en el futuro las empresas que comprasen las parcelas. En Asturias podría estar sucediendo algo parecido: los 1.226 millones anunciados describirían el coste potencial de desarrollar completamente el campus de 120 MW, pero todavía no sabemos qué cantidad está realmente comprometida, quién aportará el dinero, qué bancos financiarán la operación o qué empresa terminará operando los centros.
Creo que esto permite entender dónde puede generarse una parte importante del beneficio que se lleva la empresa: en la diferencia entre el valor inicial de unos terrenos y el que adquieren cuando reciben una declaración estratégica, nuevos usos urbanísticos, accesos, fibra y una enorme capacidad eléctrica. Ese control puede conseguirse mediante compra, opciones condicionadas, acuerdos de exclusividad, derechos de superficie o compromisos con sus propietarios, sin necesidad de adquirir inmediatamente todo el suelo.
Necesitamos saber quién posee los metros cuadrados anunciados, aunque 100k puede que ya estén manos del ayuntamiento de Salas, qué acuerdos existen sobre ellos, quién pagará la urbanización y la subestación (muy importante), en qué condiciones se cederá el suelo público y qué remuneración obtendrá S4U por desarrollar la operación.
Conexión eléctrica
(Actualización) Uno de los puntos críticos y que dan autentica viabilidad al proyecto es la conexión eléctrica. El campus anunciado necesitaría 120 MW y Red Eléctrica publica actualmente un margen disponible de 123 MW en la subestación de Salas 400kv. Es decir, el proyecto podría ocupar prácticamente toda la nueva capacidad del nudo y hay una coincidencia casi milimétrica con los 120 MW anunciados por la promotora. Sin embargo, en el último listado público consultado no aparece todavía una solicitud admitida para esa potencia. Hay electricidad potencialmente disponible, pero no consta que Digital Valley tenga asegurado el acceso, ni que ha día de hoy (Agosto del 26), esté la potencia concedida.
El plazo tampoco sería simplemente «dos o tres meses y listo». REE puede emitir una propuesta en 60 días hábiles y después los permisos, pero puede exigir infraestructuras, garantías, estudios y condiciones adicionales. Además, obtener el permiso no equivale a construir la subestación de conexión ni a poner en marcha el campus.
Es decir, aunque aunque Digital Valley nunca construyese ni operase el centro, una sociedad que controle los terrenos y disponga de acceso para 120 MW puede resultar atractiva para un fondo, una promotora especializada o un operador real.
(Actualización) A día de hoy (20 de agosto), existe ya constancia pública de 30 MW con permisos de acceso y conexión otorgados en Salas 400 kV, una potencia compatible con la primera fase de 24 MW informáticos anunciada por Digital Valley. Falta conocer quién es el titular del permiso y si la ampliación futura dispone ya de algún derecho o reserva. Puedes comprobarlo aquí.
Consumo.
Con los pocos datos en la mano y a la espera de otras certezas, lo cierto es que el consumo de electricidad total de la propuesta para Salas no es menor, puesto que se habla solo de la parte informática y esta depende de instalaciones de refrigeración industriales que no son precisamente “suaves” y que no se contabilizan. El consumo informático de un centro de datos se mide con un factor llamado Power Usage Effectiveness (PUE) y se calcula midiendo el total kWh (Kilowatios hora) de consumo del centro, entre el consumo de la energía usada por los equipos informáticos. Entonces un PUE perfecto sería de 1, pero los más eficientes que hay actualmente llegan a un factor de 1,1 estimado. O eso dice por ejemplo Google de los suyos.
Según Red Eléctrica, el 41,4 % de la electricidad producida en Asturias durante 2025 tuvo origen renovable, mientras que las instalaciones de autoconsumo generaron el 7,9 % del total (Tejados, huertos solares, instalaciones industriales, etc). Si el campus alcanza los 120 MW* informáticos anunciados y funciona continuamente, su consumo total podría rondar los 1,26 TWh (Terawatios hora) anuales, asumiendo un PUE de 1,2. Esta cantidad equivaldría aproximadamente al 15 % de la demanda eléctrica asturiana actual y duplicaría toda la generación regional de autoconsumo.
*Es bueno echarle un vistazo también al termino Megavatio e iré poniendo links con cada salto de escala. Conviene recordar que MW se refiere a la potencia y los MWh, siempre a la energía consumida y producida.
Esta comparación con el autoconsumo es para que vayamos viendo que es difícil que un centro de datos como este pueda depender de su propia generación y es evidente que va a consumir un porcentaje importante de la electricidad que producimos, sea renovable o no. Por supuesto, no salen las cuentas con esas 350 placas solares anunciadas, que de primeras y sin tener más datos solo parecen un pico pequeño que imagino sólo ayudará al consumo de los servicios generales de las instalaciones.
Quizás nos ayude un poco también ponerlo en perspectiva con otras grandes instalaciones industriales de la región, de las llamadas Electrointensivas, por lo tanto si alcanza los 120 MW informáticos anunciados, el campus de Salas no sería una instalación tecnológica más, podría acercarse a la demanda de industrias como ArcelorMittal o Asturiana del Zinc.
Por supuesto, independiente de las fuentes, yo no soy un experto en la materia y todos estos cálculos son de servilleta, hay que ponerlos en remojo. Además, insisto, me parece que lo anunciado es especialmente optimista y se basa todo el rato en máximos.

Refrigeración
Sobre la refrigeración no se dice nada aunque las primeras noticias que me llegan por otras vías son de que será de circuito cerrado y es obvio que se sitúa en este lugar porque la temperatura no es habitualmente muy alta. Y al paso que vamos con la climatología peninsular, muchos enclaves del norte entiendo que suponen una ventaja en estos aspectos. Este punto suele ser el más controvertido, ya que estas instalaciones suelen buscar el coste y la oportunidad para refrigerarse, con lo que dependen de la regulación y las exigencias del país, región y lugar donde se ponen. Se oyen historias terribles en lugares donde esa legislación es pobre, tales como que se usa directamente agua dulce y potable para ello, reduciendo drásticamente su disponibilidad y su calidad posterior del procesado.
Si partimos de que estas instalaciones se prevén de circuito cerrado, también hay que contar que aunque hay un liquido que da vueltas y refrigera sus sistemas, se leen ejemplos donde se moja esas tuberías con otro circuito y este agua se convierte en vapor que se emite con torres evaporativas, con lo que no significa que tengan un consumo cero de agua y este puede ser muy relevante igualmente. En cambio, otros sistemas, con refrigeración líquida directa o seca, no consumen apenas agua.
(Actualización) Otras informaciones hablan de que se pretende usar el rio Nonaya, un cauce que no tiene caudal suficiente. Entiendo que será para el llenado.
De nuevo, como en muchos puntos críticos de estos sistemas, tenemos palabros que se usan para medir esto: Water Usage Effectiveness (WHU), que es el indicador que la comunidad europea usa para evaluar y analizar estas instalaciones. (Un tocho, pero podéis resumirlo con vuestro LLM favorito).
Recabar toda esta serie de datos sería fundamental para hacerse una idea de lo que hablamos en términos de consumo real de agua. En Asturias no escasea el agua pero como en toda la península, las continuas sequías han llegado a comprometer el suministro en algunas localidades y actualmente ya está teniendo una influencia clara en la agricultura. ¿Cómo será en el futuro?, no lo sabemos pero es probable que la inestabilidad continúe.
Impacto en la población
(Actualización) En Salas habría que exigir una evaluación acústica nocturna que incluya frecuencias, no solo dB(A), además de distancias a viviendas, número y combustible de los generadores y horas máximas de funcionamiento. Los generadores son generalmente de reserva por si hay problemas con la red convencional. Esto implica el almacenamiento de grandes tanques de diésel.
Pero además los vecinos y vecinas colindantes pueden encontrarse con ruido continuo de ventiladores, enfriadoras y transformadores. Frecuencias graves que pueden propagarse lejos y no quedar bien reflejadas en una simple medición de decibelios. Y como digo anteriormente, generadores de emergencia con que pueden emitir NOX (Dióxido de Nitrógeno) y abundantes partículas PM2.5 (Partículas de materia de pequeño tamaño). Al final, no dejan de ser motores de combustión para generar electricidad. También, como indicaba, el almacenamiento de grandes cantidades de diésel puede causar olores y complicaciones, si hay derrames o similar. También nos enfrentamos al abundante sellado del suelo y un posible efecto isla de calor en la zona.
Empleo y desarrollo local
Aparentemente, no es mala noticia que una localidad pequeña como Salas, de apenas 5000 habitantes, tenga una industria con la que pueda mover la economía propia y la de su concejo, ya que una de las grandes demandas de las llamadas “alas astures” es precisamente la de su industrialización y generación de oportunidades. Imagino que si hay suelo industrial disponible, posibilidad de conexión a la red eléctrica/internet de modo industrial, autopista y aeropuerto relativamente cerca, convierten además el lugar en un sitio donde además todo esto se puede llevar a la práctica. Estamos hablando de una región con una orografía difícil, unos tiempos de viaje largos y una infraestructura pública que no es que no quiera desarrollarse, si no que se da de bruces con nuestra riqueza medioambiental y nuestra baja densidad de población en esas zonas.
Su desarrollo es un eterno debate que no siempre se puede resolver bien en un entorno como el nuestro, porque es evidente que sus habitantes tienen todo el derecho del mundo a reclamar un mayor desarrollo y oportunidades en el lugar donde viven. Personalmente soy de la opinión de que habría que hacer lo contrario en lugares donde el coste de las infraestructuras públicas es descomunal, irrecuperable y que va siempre en contra del paisaje y el medioambiente. Lo medio sugiero aquí. Esto creo que ocurrió en su momento con la autopista Grado-La Espina, pero lo cierto es que quien vive en el territorio, pues lógicamente no lo ve igual y es precisamente esta infraestructura la que ahora seguramente de más impulso al proyecto.
En cuanto al empleo, se habla de “Campus”, que da entender que es un lugar vivo y donde se intercambia conocimiento sobre estas instalaciones, sus datos y su computación, pero… no se aporta información suficiente para evaluar esa ocupación. Y esto es importante porque realmente una vez construidas, estas instalaciones se pueden manejar con relativamente pocas personas. Se habla de 120 puestos directos, 962 indirectos y 236 inducidos de media, una vez operativos. Insisto, como no tenemos un estudio por parte de la promotora, no sabemos.
Lo que se está ocurriendo en otras partes de la geografía Española, el caso del datacenter Aragonés de Microsoft
Aragón es probablemente el mejor laboratorio español para entender un poco las disputas sobre estas instalaciones. Allí ya hay centros de AWS (Servicios en la nube omnipresentes de Amazon) funcionando, decenas de nuevos proyectos anunciados, una movilización social y conflictos concretos sobre el agua, la energía, el suelo, los impuestos y su tramitación.
Lo que se pretende, es convertir Aragón en un nodo europeo de computación, atraer empresas tecnológicas y generar actividad económica. El PIGA (Plan de Interés General de Aragón), llamado Región MSFT contempla 240 kilómetros de fibra óptica, 187 kilómetros de canalizaciones y tres campus conectados entre sí. La duda es la cifra eléctrica, que cambia por completo la escala del asunto. Los 10.709 GWh (Gigavatio hora) anuales previstos superarían la demanda de toda Aragón en 2024, que fue de 9.994 GWh (PIGAS). No es el consumo inmediato ni necesariamente el que alcanzarán, pero tampoco es una ocurrencia de la gente que se opone: es el escenario de desarrollo recogido en la documentación del proyecto, según las fuentes consultadas.
En la cuestión de la demanda de agua, Microsoft ha prometido que usará refrigeración líquida directa en circuito cerrado, sin evaporación durante la operación normal. Lo dicen aquí. Según sus estimaciones, los tres campus necesitarán un primer llenado de aproximadamente 27.700 m³ y después unos 3.975 m³ anuales para mantenimiento y usos ordinarios. Por tanto, centrar la oposición al proyecto de Microsoft en que «se beberá Aragón» parece bastante más débil que otros argumentos. La refrigeración seca o cerrada puede aumentar la demanda eléctrica, necesitar ventiladores, compresores y refrigerantes, pero no equivale a consumir millones de metros cúbicos.

Sin embargo, oh sorpresa, los centros de AWS en Aragón ya estaban funcionando cuando la empresa solicitó aumentar un 48 % su disponibilidad de agua: de 36,4 a 53,9 millones de litros anuales por instalación. AWS lo justificó por el aumento de los periodos de calor, que obliga a utilizar más horas la refrigeración evaporativa. Es importante esto, porque como en el caso asturiano, las previsiones del clima pueden cambiar.
En teoría, cada centro puede presentar una evaluación ambiental razonable de su parcela. Pero si una región aprueba treinta proyectos por separado, la suma puede ser completamente distinta. Las plataformas aragonesas ya lo dicen, falta una planificación que determine cuántos centros caben, dónde y bajo qué límites. En julio la CHA (Chunta Aragonesista), propuso una moratoria temporal hasta disponer de una estrategia pública sobre energía, agua, territorio y retorno económico. Hay que contar además que muchos de estos proyectos se tramitan como proyectos estratégicos (PIGAS), que aceleran procedimientos y conceden ventajas extraordinarias, pero no eliminan las autorizaciones ambientales. Aunque quizás esto último podríamos ponerlo en cuestión en base a algunas experiencias.
Y no solo son estos conflictos, por ejemplo el conjunto de los tres campus exigirá mover unos 7,3 millones de metros cúbicos de tierras. En Puerto Venecia han surgido conflictos por antiguos vertidos, restos de amianto y el destino de casi dos millones de metros cúbicos sobrantes. Microsoft afirma que los residuos peligrosos se gestionan conforme a la normativa pero hace unos días las plataformas que se oponen al proyecto pedían su paralización.
Lo que estos casos nos enseñan
Podríamos seguir con los detalles y situaciones, que prácticamente son infinitos sobre sus instalaciones y nuevas propuestas de proyectos previstos para nuestro país. La conclusión en todos ellos es que no son lugares con un impacto menor. Otra cosa es que con el tiempo, sus tecnologías cada vez tienen menos impacto, sobre todo si se les obliga a buscar soluciones. Esto a su vez plantea un problema, porque muchas veces volver algo eficiente, no significa que esta demanda decrece, si no que se multiplica. Y aquí es cuando llega nuestra famosa paradoja de Jevons, que tan en boga está estos días y tanto me gusta porque prácticamente se puede aplicar a cualquier cosa de tu alrededor.
En definitiva, en todos y cada uno de los proyectos planteados depende muchísimo de la situación, el lugar, sus recursos, quien lo promueve y quien lo gestiona. No es lo mismo un datacenter de escalado de IA, en Virginia o en Texas bajo el régimen del “Drill baby drill” de Trump e impulsado por gas procedente del Fraking, que un centro de datos instalado en Europa, incluso instalado por una empresa americana. Por ejemplo, en Talavera de la Reina, en el campus de Meta, de 248 MW y 191 hectáreas, se llegaron a manejar previsiones de entre 2,2 y 2,9 millones de m³ de agua al año. Tras las objeciones de la Confederación Hidrográfica del Tajo y el proceso ambiental, el proyecto fue rediseñado con refrigeración por aire seco y la previsión global del ámbito se redujo a unos 504.500 m³ anuales.
No en vano, en marzo de 2026 y mediante la respuesta a la crisis de oriente medio, el Gobierno introdujo en el Real Decreto-ley 7/2026 la obligación de desarrollar requisitos específicos para los nuevos centros de datos.
La futura regulación podrá exigir:
- Generación renovable adicional.
- Correspondencia horaria entre consumo y renovables.
- Eficiencia energética.
- Sostenibilidad hídrica.
- Beneficios económicos y sociales.
- Resiliencia y soberanía digital.
El incumplimiento podrá provocar penalizaciones o incluso la pérdida del permiso de acceso a la red. El problema es que todavía falta aprobar el real decreto que concrete esos requisitos, y la norma se aplicará a conexiones posteriores a su entrada en vigor, pero esto podría ser fundamental en el caso asturiano.
El caso aragonés no demuestra que los centros de datos sean inevitablemente destructivos, si no que el problema viene cuando una administración le da prioridad a la transformación del suelo y servicios pero deja para después la planificación energética, ambiental, fiscal y territorial. ¿Estamos ante este escenario?…No lo sabemos, pero ya tenemos experiencia abundante en todo el territorio peninsular.
La prisa por el no
Como ecologista que me considero, creo que conviene que parte del ecologismo debería hacer un poco de autocrítica, también con los mensajes en redes que se lanzan rápidamente sin tener conclusiones claras. La cosa es que de la misma manera que me chirría la rapidez con la que las administraciones reciben cualquier inversión millonaria con una alfombra roja, también me preocupa la velocidad con la que algunas personas han decidido que un proyecto como este solo puede ser malo. Es comprensible. Tenemos experiencia suficiente con proyectos que prometían empleo, progreso y riqueza mientras dejaban detrás contaminación, costes públicos y compromisos que se fueron desinflando con el tiempo. También sabemos que palabras como «digital», «verde», «inteligente» o «sostenible» se utilizan muchas veces como una tapadera de otros negocios no tan limpios. La desconfianza está más que justificada, pero debería ser el comienzo de las preguntas, no necesariamente la conclusión.
Pero como hemos visto mínimamente y eso que no vamos a entrar en la dimensión y motivaciones económicas de este negocio, todos los centros de datos no son iguales. Pueden refrigerarse con agua potable o mediante sistemas secos; funcionar con electricidad de origen fósil o incorporar nueva generación renovable; reservar toda su capacidad para una multinacional o poner parte de ella al servicio de universidades, empresas y servicios públicos. Pueden limitarse a ocupar suelo y consumir recursos o integrarse en una estrategia industrial y tecnológica de la región.
Los problemas aparecidos en Aragón son advertencias, no pruebas automáticas de lo que podría suceder en Salas o en cualquier otro sitio. En el caso de Microsoft, por ejemplo, la crítica sobre un supuesto consumo descomunal de agua pierde fuerza cuando el proyecto promueve un sistema cerrado y una reposición anual relativamente pequeña. Eso no hace desaparecer las preguntas importantes sobre la electricidad, el territorio, las expropiaciones, la fiscalidad o la enorme concentración de infraestructuras y su acumulación.
Pero no se tiene por qué imaginar siempre el peor escenario y darlo por cierto sin datos. Hay que exigir información, poner límites, medir resultados y conservar la posibilidad de detener el proyecto si se incumple. Puede que después de todo ese proceso la respuesta tenga que ser no de nuevo. Pero será un NO fundamentado, capaz de señalar qué condiciones no se cumplen y qué recursos no estamos dispuestos a entregar.
Si bien la administración parece que convierte automáticamente cualquier inversión en una oportunidad histórica, tengo la sensación de que convertimos automáticamente, cualquier gran infraestructura en una amenaza. Y así dejamos vacío precisamente el espacio donde debería actuar la política. El SI automático convierte la política pública en propaganda, pero el NO automático renuncia a gobernar aquello que, nos guste o no, forma ya parte material de nuestra sociedad y desde donde se emite muchas veces, los propios mensajes en contra.
¿Entonces, datacenters, sí o no?
Planteada así, la pregunta es una trampa. Es como preguntarnos si queremos fábricas, carreteras o centrales eléctricas: dependerá de qué producen, para quién, con qué recursos, bajo qué condiciones y qué dejan en el territorio una vez construidas.
Internet y todo lo digital no es algo etéreo. Cada fotografía en la nube, cada cámara IP conectada, cada reel de los cientos que mucha gente ve al día, cada copia de seguridad y cada consulta a una inteligencia artificial, necesitan ordenadores funcionando en algún lugar. Parte de esa computación resulta fundamental y otra parte probablemente no tanto. No todo lo que podemos almacenar merece conservarse eternamente y no todas las tareas necesitan ejecutarse mediante el modelo de inteligencia artificial más grande disponible. Para determinados usos, modelos pequeños ejecutados localmente pueden ser perfectamente válidos, aunque eso tampoco los convierte automáticamente en más sostenibles.
Pero sería igual de absurdo concluir que toda o parte de la capacidad computacional es superflua. Los centros de datos sostienen servicios médicos, sistemas de emergencia, investigación científica, administraciones públicas, comunicaciones y predicciones meteorológicas y climáticas. El problema no es únicamente cuánto computamos, sino qué estamos computando, para quién y con qué nos aporta.

Por eso, el proyecto llamado Digital Valley Asturias debería valorarse como lo que materialmente será y tiene gran impacto en el medioambiente: una nueva industria electrointensiva que solicita suelo, capacidad eléctrica, agua, infraestructuras, dinero público y acompañamiento administrativo. Pero también Asturias puede obtener algo valioso de ella, como empleo cualificado, actividad económica, formación, nuevas conexiones de fibra y capacidad tecnológica. Pero todo eso tiene que negociarse, concretarse y comprobarse y definir muy bien su gobernanza.
En conclusión: si el proyecto fuera realmente hacía adelante, algo que no tengo nada claro, la primera fase de 24 MW tiene que servir precisamente para comprobar que se establecen las bases con transparencia. Antes de autorizar la siguiente fase, debería de conocerse el consumo real de energía y agua, el PUE y el WUE alcanzados, los empleos creados, la contratación local, el retorno fiscal, el origen de la electricidad y el cumplimiento de los compromisos ambientales. Y por descontado, debería de exigirse muchísima más generación renovable, estudiar la recuperación del calor (para nuevas industrias en la zona, por ejemplo) y reservar capacidad computacional para universidades, investigación, servicios públicos o empresas asturianas.
Esta propuesta, como a la tecnología en sí, hay que tomársela tan en serio como para que una promesa empresarial no se salte toda la política, el interés público y la capacidad en recursos y condiciones medioambientales de la región.
(Actualización) Estaba leyendo este impresionante informe de Tu nube seca mi rio sobre la experiencia en Aragón, un vez construidas la subestación, accesos, canalizaciones y primera nave, pueden aparecer costes hundidos, expectativas políticas, contratos y presión para “no dejar la inversión a medias”. La primera fase puede crear las condiciones materiales y administrativas que hagan mucho más difícil rechazar los otros 96 MW. Es decir, un piloto sin una puerta real de salida puede convertirse en la entrada a un embudo.
Sería bueno entonces tener claras más cosas:
- Que no se reserve los 120 MW desde el principio (Ver más abajo la actualización)
- Que no se conceda automáticamente derechos sobre la segunda fase.
- Establezca indicadores auditados por una entidad independiente.
- Incluya garantías económicas y causas automáticas de no ampliación.
- Permita recuperar suelo y capacidad eléctrica si el proyecto se paraliza o se transmite.
IMPORTANTE: Además de todo lo expuesto, el recurso más valioso que solicita Digital Valley quizá no sea el agua ni siquiera el suelo, sino el derecho a ocupar durante décadas una parte significativa de la capacidad eléctrica asturiana.
IMPORTANTE DOS : Repito, a día de hoy (20 de agosto), existe ya constancia pública de 30 MW con permisos de acceso y conexión otorgados en Salas 400 kV, una potencia compatible con la primera fase de 24 MW informáticos anunciada por Digital Valley. Falta conocer quién es el titular del permiso y si la ampliación futura dispone ya de algún derecho o reserva.
Nota final:
1. Si tenéis un rato, podéis ir trasteando en los muchos links que hay asociados al texto, creo que hay información suficiente para que saquéis vuestras propias conclusiones.
2. Si encontráis algún error relevante, por favor, comentadme.
3. Como he dicho al principio, he ido actualizando cosas y están señaladas con un (Actualización)
Bonus track:
Aunque no tiene necesariamente que ver, os dejo esta conversación entre Cesar Rendueles y Álvaro Palau Arvizu de la editorial Arpa. En el fondo, hay mucho de esa conversación en torno a la transición ecosocial en esta entrada. En concreto en el minuto 02:00:31.

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