Hay un impulso, que imagino que no es nuevo, y del que todos participamos: el deseo de que todo sea claro, limpio, binario (Con dos o más opciones), identificable. Lo tecnológico, lo político, lo ecológico, lo artístico… Todo parece exigirnos escoger bando: o estás dentro, o estás fuera, X o Bluesky. El problema es que la realidad no funciona así. Creo que nunca lo hizo. Y, sin embargo, seguimos buscándole purismos a un mundo que es, por definición, mezcla, ambigüedad, fricción. Como si necesitásemos una especie de recinto moral donde refugiarnos para no sentirnos sucios, implicados o contradictorios.
Timothy Morton en Reciclar la ecología, libro que nunca acabaré de leer porque siempre hay algo que se puede sacar, lo dice así: “No poder estar en el modo tal vez” es un problema profundo, casi existencial. Porque expulsar el tal vez, la duda, lo incierto, lo extraño, es expulsar nuestra experiencia ecológica más básica. Y añade también lo siguiente, que me parece fundamental:
Uno no puede deshacerse de uno mismo. Puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con todo tipo de cosas. Pero ahí estás tú, estando de acuerdo o en desacuerdo.
Es decir: no existe un “afuera” desde el que podamos observar el mundo sin mancharnos. Todo lo que hacemos es desde dentro, incluso cuando fantaseamos con haber escapado. Y creo que estamos en un momento de la historia tecnológica donde esto importa más que nunca.
Si lo piensas, hace apenas unos años la magia del software libre estaba en meter las manos dentro del código y luego compartir el virtuosismo, progresar en abierto. Artesanía digital. Un orgullo casi manual que generaba bandos y posiciones de altura moral. Pero hoy, con modelos gigantes como GPT, Gemini o Claude, programar empieza a parecerse más a escribir instrucciones que a picar líneas. ¿Y entonces qué pasa con todo ese virtuosismo en el código? ¿Desaparece? ¿O muta?
Muta.
La pureza del viejo paradigma, el código como territorio sagrado, da paso a otra cosa: Un ecosistema donde lo abierto y lo cerrado se retroalimentan, donde sin Linux no habría nube, sin PyTorch no habría modelos, sin datasets abiertos no habría IA generativa… pero donde también ahora se usa infraestructura centralizada y oscura, computación cara y herramientas que no siempre son “puras” o descentralizadas y que tienen un gran impacto ecológico. ¿Más capaces pero menos autónomo/as?.
Recientemente, tuve la oportunidad de compartir unos días en Santiago de Compostela, junto a mucha gente interesante, entre ellos Bani Brusadin, amiguín del que tuve la oportunidad de aprender mucho y que ahora es quien está al mando del programa en Medialab-Matadero. En una conversación mientras visitábamos y comentábamos la exposición Ficciones Especulativas, Bani comentaba que Benjamin Bratton le reprochaba a Kate Crawford qué, en su Atlas of AI, defina a los modelos como “máquinas estadísticas”, no realmente inteligentes. Y es cierto que creo recordar que insiste mucho en ello, no solo ella. Sin embargo, puede que sea un debate identitario que trate de proteger la inteligencia humana como algo “puro”, exclusivo de nuestra especie. Porque cuando un modelo es capaz de relacionar ideas, analizar contextos, hacer analogías o componer estructuras textuales… ¿en serio nos sirve seguir defendiendo purezas? Yo no lo llamaría “inteligente”, pero hay mucha miga ahí.
La inteligencia humana siempre fue híbrida: lenguajes, herramientas, bibliotecas, máquinas, redes.
Morton habla de ecología pero podría estar describiendo internet. Donna Haraway hablaba de “Conocimiento situado” para criticar la idea de un observador neutral o universal, Latour: Nunca fuimos modernos. Nunca fuimos esa mente racional separada del mundo, operando desde la distancia. Siempre hemos sido mezcla y quizás lo interesante de este momento histórico es que la mezcla se ha vuelto visible y ya no podemos fingir impurezas. Ni en política, ni en redes, ni en tecnología, ni en ecología.
¿Donde situarse? Ni idea, pero creo que sabiendo que no estás fuera, que estás pringado en todo momento. Eres parte de el.
No dejéis de echarle un vistazo a la presentación de Bani en el Foro Internacional de Arte y Cultura digital SINTE. No es que tenga exactamente que ver con esta reflexión pero anda por ahí también, en la nube de ideas.


Leave a Reply