El muro II

Tiempo de lectura: 5 minutos

El primer capitulo lo podéis leer aquí.

Bertín, como popularmente era conocido, estaba nervioso aquel día de la firma. Sabía que el acuerdo había llevado mucho esfuerzo y el despliegue de energía posterior sería espectacular y probablemente tan cansado, como el camino recorrido para llegar hasta ese momento de partida. A aquel momento político no se le había dado mucho bombo mediático pese a sus implicaciones. Entre otras muchas cosas, volver a reforestar e introducir gran fauna en el 30% del territorio Asturiano dedicado a pastos, en un plan de apenas 10 años. Esto requería un esfuerzo económico y logístico enorme.

Sin embargo, apenas unas reseñas y unos minutos de las noticias, reflejaban el inicio de los trabajos de prospección y diseño. Bertín creyó que marcarían un aumento descomunal de la masa forestal y con ello de la humedad relativa y la capacidad de generación de nubes. Necesitaban lluvia, el calor y el estrés hídrico se estaban llevando todo por delante, en un territorio que aún se seguía considerando un refugio privilegiado. Hacía falta que esas nubes mantuvieran vivo un ecosistema que ya empezaba a ser escaso en la península y casi anecdótico al este del meridiano de Greenwich.

El territorio había destacado durante siglos por su conservación vegetal y en general, su fácil acceso al agua pero cada vez estaba más seco y llovía menos. Aquel acuerdo firme y no demasiado mediático, significaba que en la práctica y si los acontecimientos climáticos se mantenían como hasta ahora, el 90% del territorio sería ya cubierto por una gran masa vegetal que a su vez generaría sombra y humedad. Pueblos y ciudades principales incluidas.

Bajó hasta la cafetería de enfrente de su apartamento. Hoy era un día especial. Sabía que la oferta era ya reducida y la experiencia de tomar un café de máquina era ya un lujo que no compensaba demasiado pero decidió ir a lo grande y extendió su capricho hacía un simple bocadillo de lomo. Un lomo que costaba mucho identificarlo con alguna parte de un animal y sin embargo era fácil que te recordara algún tipo de material de goma. El lomo era producido sin muerte animal, una especie de masa proteica criada en unas extrañas cajas transparentes. Familiarmente llamaban “Lomo”, algo así como aceptar barco como un animal acuático.

-Tengo que revisar una y otra vez los archivos -se dijo para sí- no puede haber nada que se pueda interpretar mal o que nos embarque en alguna pérdida innecesaria de recursos.

-Vaya, parece que Irán se retrasa, tendré que llamarle -Continuo- Irán no disponía de teléfono estos días pero Bertín esperaba que estuviera atento y pudieran entrar en el salón de actos juntos, mostrando al menos unidad de acción.


Después se quedó pensando en el siguiente problema: Los sindicatos, a los que toda trabajador/a debía de estar asociada, seguirán reduciendo las horas de trabajo legales casi de año en año e iba a ser complicado cumplir con aquellos plazos tan exigentes pero a la vez necesarios. El mundo laboral había cambiado mucho desde qué los sindicatos, en una extraña visión ultra racional y fuertes de nuevo en aquellos momentos de inestabilidad social, habían hecho piña con científicos y ecologistas. Vaticinaron acertadamente que los problemas con el clima y la automatización, estaban ya siendo imperantes en la distribución de la economía y por tanto, el trabajo.
Tardaron muchos años, pero finalmente se impuso la idea de que ya no tenía sentido defender el trabajo en sí mismo, si no el reparto de sus beneficios. Es decir, de la riqueza producida por el esfuerzo colectivo realizado hasta ahora, en la misma proporción que la automatización les había desposeído de ella. Las horas de trabajo que no implicaban esfuerzo físico y un gran despliegue por el terreno, como era el caso, ya eran prácticamente improductivas para una gran parte de la población.

Sonó un claxon mortecino y era Irán. Bertín ya se había acabado el desayuno y le observó desde aquel inmenso cristal que abarcaba toda la fachada de la cafetería. Se dispuso a pagar la cuenta y salió rápidamente hacía el vehículo de Irán. Se saludaron brevemente con el codo y salieron rápidamente hacía la casa de gobernanza, sede actual del gobierno del recién estrenado país Astur.

Cuando llegaron a la plaza donde se encontraba el edificio principal, tuvieron que dejar su vehículo en el aparcamiento automatizado, fruto de los últimos retazos del “solucionismo tecnológico” pre-desastre. Aquel ascensor seguía sorprendiendo décadas después: Simplemente entraban en el habitáculo principal, se bajaban, se identificaban y rápidamente su coche desaparecía y ya no lo volvían a ver más hasta que volvieran a demandarlo. No se puede circular por el interior, ni curiosear y nadie sabe a qué lado de la plaza o piso del subsuelo se va cuando lo dejas atrás.
El resto de camino, andando entre aquel inmenso bosque de bienvenida que ocultaba el conjunto de casas de la gobernanza, pequeñas en la superficie, pero hundidas hacía el suelo muchos pisos como si fuera a rascar el mismísimo infierno. Autenticas rasca-infiernos, término que había definido el polémico arquitecto Fernando Higueras sobre su vivienda-estudio subterránea de Madrid, construida en los años setenta del siglo pasado.

Clip on, Atelier Van Lieshout*

Rápidamente el encargado de recibirlos los llevó hasta la sala de las firmas y no hubo mucho más que añadir a tan esperado día. La presidenta los reconoció enseguida y tras una breve y cordial charla, Bertín e Irán pasaron a dejar sus perfiles biométricos en aquel libro blanco, que contrastaba enormemente con el aparato que sobreimprime sobre el mismo sus datos de autentificación.

Yara, la presidenta y sus asesoras, pasaron a felicitar cordialmente a Bertín e Irán por el acuerdo y quedaron en reunirse probablemente algunas semanas después. Toda la sala conocía las implicaciones del mismo e incluso las dudas que Irán suscitaba en su concreción. Vista la gran oposición sindical y que tanta lucha entablo por el acuerdo de añadir una hora más a cada turno de trabajo logístico y forestal, ya de por sí corto, de apenas 4 horas, comenzar no iba a ser fácil. Todo el mundo tenía la certeza de que las horas no salían, respecto a los recursos y tiempo necesario para llevar a cabo tal empresa. Aún así decidieron avanzar, antes que llegar coherentemente a la mínima relación empleo/horas de trabajo que los datos que habían recopilado y procesado, les habían sugerido.

Bertín ese día no hizo nada muy destacable, una vez se despidió de Irán y volvió a casa, bajó de nuevo a la tienda y compro cosas cotidianas y básicas. Tampoco es que el surtido fuera increíble. Volvió a repasar la agenda del día después y aprovechó los pocos minutos de luz que le quedaban para leer algunos artículos. Nadie llamó ese día, ya era tarde y ya había hecho todo el trabajo mediático. Mañana sería un día de gran ajetreo, planes, medios y comienzo de la organización, pero por hoy y ya tumbado en su cama, la calma había invadido todo el espacio. Por un instante, se puso a visualizar las vistas a ojo de un pájaro, sobrevolando aquellos parajes reforestados, 20 o 30 años después de la finalización del plan.

Se fue ya la luz y no hubo más, entró en un profundo sueño.

Banda sonora.
Leaving – Hania Rani


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