REFLEJOS NEURÓTICOS

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Estoy seguro de que hay mucha gente que está preocupada por la situación actual del país. No sé si tanto en el día a día, muy alejado del irrespirable ambiente mediático, pero sí siente que la cuerda se está tensando mucho. Yo lo siento y tú también, estoy seguro y estamos de acuerdo. Más, después del (ya perdí la cuenta) cisne negro de Ceuta. Porque si no es un volcán, es una Dana y si no es una guerra, es una media guerra, como lo que está pasando estos días en nuestra frontera sur. No parece algo casual, es una sensación occidental, que no tengo datos para afirmar que sea global, pero intuyo que en cierto modo también lo es. Porque sabemos que muchas de estos dramas, cambios drásticos del clima o directamente catástrofes, son multifactoriáles pero…¿Tiene algo que ver que esa sensación compartida se difunda y comparta casi exclusivamente por los mismos canales?

Porque si algo tiene en común un camerunés, con un vecino de Santander y un descendiente de los Yanomami, no es que lean El Comercio, El País, Le Figaro o el Washington post, es Facebook. Y Youtube, X, etc y en general todas estás plataformas, que a la vez son redes sociales. Porque a los medios tradicionales ya solo les queda en muchos casos, cobrar por todo menos por información y tratar de expandirse por estás plataformas lo que puedan.

Es decir, que la información, por muy localizada que esté sobre el territorio, junto a la percepción social, está mediada por autopistas globales que comparten métodos y modos de expresión. Muchos de ellos dictados por las necesidades de las empresas que las operan. ¿Quieres generar atención en esas plataformas? No te queda otra que asumir su metodología, que suele ser compartida entre países, con lo que suele ser habitual que el resultado se parezca. La mirada por lo tanto, está cada vez más globalizada.

Por otro lado, conviene recordar que no todas las plataformas son redes sociales pero sí muchas redes sociales se han convertido en plataformas. De ahí que hayamos ido avanzando hacia procesos de cercamiento que son muy similares al que ocurrió con las tierras comunales inglesas.
Esto lo explica muy bien Iago Moreno en La Zona, pero seguro que es un run run que nos viene acompañando desde hace tiempo. Tiempo en el que hemos probado de todo para salir de ese cercamiento, desde abandonar las redes con las que muchos crecimos y aprendimos, hasta crearnos otras que como bien las llama Iago, son a día de hoy “Aldeas Pitufo” (Así las llama el propio Iago y me ha hecho gracia). Sí, hablamos de Bluesky, Mastodon y otra serie de redes sociales más libres, pero desgraciadamente poco pobladas y nada relevantes en la esfera pública.


Por lo tanto, como decía y seguro que no descubro nada nuevo, no es muy difícil imaginar que si globalmente nos movemos por redes que son un gran vaso comunicante, estos flujos de opinión se muevan como en una especie de “efecto flocking” a través de ellas, en sucesivas copias adaptadas a cada territorio.
Tampoco creo que la idea inicial fuera conseguir que tu ventana a la que acudes generalmente para entretenerte, informarte o directamente intentar comunicar algo, fuera la fuente principal de una vida tan acelerada que te haga entrar en una espiral neurótica inasumible, y que puede acabar contigo convertido en tu espejo. Pero ha resultado así y si eso parece dar dinero.

De chico normal, criado en democracia y con ciertos valores humanos, a exaltado vestido en una bandera que pide expulsar a los menores de sus casas de acogida. De chica bien educada y con todos los privilegios de una clase media, a persona que jalea que el ICE se lleve a su compañera de trabajo que incluso la invitó algún día a un café. De obrero jubilado retirado de una gran industria, pleno de beneficios sociales, cuyos últimos años ha tenido una vida más que digna, a instigador de las más locas teorías en tu barrio, arrastrando a todos y todas las incautas, crueles y miedosas mentes del mismo….

Y así podríamos seguir hasta el infinito, porque es inevitable pensar que aunque no eres capaz de distinguirlos por la calle o incluso te saluden afablemente, en su cuarto conectado están deseándote todo el mal posible, a través de las mil y una maneras que dicte la corriente memética del momento. Zurdos, Feminazis, Fachas, Perroflautas. y que deberían de degollarte como hacen los Moros en la fiesta del cordero… Siempre a través de la red, porque la mayoría serán incapaces de decirte nada en el rellano de la escalera. Todo ello mientras no lleguemos a un punto de no retorno con el que disfruten de ser el otro, el ajusticiado y no ellos.

Si hay un libro que pudiera recoger todo este proceso, donde el capullo se convierte en mariposa, pero a la inversa, quizás es Doppelgänger de Naomi Klein. El cual yo ya lo veo como una guía básica para profundizar en sus cabezas, los motivos para tal extraños viajes dentro de ellas y en general, para quien aprovecha y opera estas transformaciones. Tiene unos años ya, pero sigue absolutamente vigente a día de hoy, es enorme.


Interoperables.


En el discurso de Iago Moreno, también está incluido lo que viene a ser la madre del cordero del asunto: La interoperabilidad. Y lo es porque sería la manera de abrir estas redes y que las plataformas perdieran ese derecho de paso que en estos momentos parece inalienable. Es decir, la posibilidad de que esos flujos de información sigan siendo globales pero también de dictar nuestras propias normas sobre ellos. Fundamental para imponer nuestras lógicas, no las de un lugar determinado en el mundo. Silicon valley, por ejemplo. El propio teléfono, las transacciones bancarias y un montón de supuestos más ya son interoperables. Sin embargo, no es posible mandar un mensaje desde Telegram a Whatsapp o al revés…Necesitamos romper el cercamiento, básicamente, no tener que instalar las 3 apps para compartir mensajes entre ellas y así lidiar con el problema de que la conversación pública sea dirigida únicamente por vías sin salida, que es la que la empresa decida.

Esta no es una idea nueva, redes como Mastodon y luego Bluesky a medias, ya lo llevan en su ADN. Pero actualmente, ya no es que solo te encierren en la red que uses, sino que además la competición se vuelve maquínica para que tu atención no se despegue de ella. Si además pretendes sacarle jugo económico, eres tú el que acabas haciendo de máquina. Algo sobrenatural, obviamente y que te lleva tarde o temprano a un estado mental neurótico, difícil de sobrellevar y qué, como estamos  provoca estados y transformaciones sobre los cuales hacemos muchos diagnósticos, pero pocos dan en el asunto.

Sois todos fachas o zurdos.

Uno de los síntomas más definidos de cómo funciona la esfera pública mediada por estas plataformas, es lo que llamamos polarización™. De ahí que los debates acaben reduciendo al contrario a un meme. Y que la reacción de este sea prácticamente un espejo, sin matices, sin argumentación y sin intercambio alguno. Y lo que es peor, mediado por un entorno que te permite llegar verbal y miméticamente, hasta donde tú quieras. O el derecho legal lo permita…

Pero para acabar reaccionando como el otro no hace falta pensar como él. Puedes seguir defendiendo tus ideas, incluso unas que merezca mucho la pena defender pero acabar atrapado en una manera de hacerlo que consiste en caricaturizar, humillar y esperar a que los tuyos aplaudan. Porque también están los tuyos, mirando. A veces parece que discutimos con alguien, pero en realidad estamos demostrando al resto que seguimos aquí, que somos de fiar y que no nos hemos ablandado. Esto no significa que todas las posiciones sean iguales. Defender los derechos de una persona y pedir que se los quiten no son cosas equivalentes. Pero tener motivos para indignarse no nos hace inmunes a un entorno que aprovecha esa indignación para mantenernos produciendo respuestas. Otro comentario o una  captura de pantalla para que todos vean lo imbécil que es este señor.

Así, poco a poco, el contrario puede acabar decidiendo de qué hablamos. Entras para contar algo y sales después de haber dedicado una hora a una barbaridad que ni siquiera te interesaba discutir. Lo que querías compartir se ha quedado por el camino, mientras la provocación ya tiene otra persona trabajando para ella. Tú.

Todo esto, siendo además consciente de que muchos de esos “contrincantes”, son sofisticados bots, probablemente enganchados a un LLM y “educados” para que sigan llevándote la contraria. De aquí sale también la referencia al podcast El Hilo y otro fantástico capitulo que tienen sobre como las elecciones Argentinas se han ganado a golpe de bot.

Y de está actitud que es un combate, vamos a llamarlo así, que funciona con unas reglas predefinidas de las que hemos estado hablando, muy lejos de la realidad donde prima el respeto. El respeto autoimpuesto por nuestra propia sociabilidad y donde los temas entran con el debido freno para garantizar la convivencia con muchas de las personas que nos interesan convivir. Desde el panadero o la pescadera, hasta el vecino de enfrente de escalera o los amigos de toda la vida del colegio, con los que todavía te tomas una cerveza de vez en cuando, a pesar de la lejanía ideológica evidente.

Porque sí, hay mucha gente recuperable, no están negando los derechos humanos, por poner un ejemplo, están comprando muchas veces un discurso que los niega sobre el cual no han pensando, simplemente porque saben que le da cera al contrario. Me hace recordar esto a los “Latinos for Trump”, que seguramente son buena gente, lejos de ser tus enemigos, pero que por afinidad a sus ideas conservadoras, votaron en masa a Trump, mientras esté ahora los deporta literalmente y muchos de ellos ahora tienen que lidiar con esa contradicción. Recomiendo encarecidamente escuchar este otro podcast de El Hilo, donde se habla de ello también. 

Por lo tanto.. ¿qué posibilidades de conversación perdemos cuando tratamos a alguien únicamente como representante del peor discurso que ha comprado?

Como siempre, yo solo hago apuntes e intento reflejar aquí ideas que voy leyendo, escuchando y procesando. Surgen muchas preguntas y el tema, más allá de los protocolos y las plataformas que lo encierran, se extiende a nuestra vida cotidiana. A cómo miramos al vecino, a lo que damos por hecho sobre alguien y a las conversaciones que todavía podemos tener. También a cuánto del reflejo que nos devuelve la pantalla estamos poniendo nosotros.

Bonus track:
Esta sesión de Futureville. Un artista que realmente se ha hecho viral a través de sus pequeños clips para ponerle la musica a reels en IG y Tiktok.


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